¿Son todos los adolescentes iguales? Todo el mundo responderá a esta pregunta diciendo “no”. Pero si nos ponemos en la piel de una madre de una cría pequeña con el sueño de aprender a patinar y te sientes con miedo de ir a un "skatepark" lleno de chicos yendo como locos, fumando, bebiendo y diciendo “tío” cada dos por tres... Puedes caer en ese prejuicio.
Es lo que le sucedió a una madre canadiense a la que la vida ha dado una lección impagable. Jeanean Thomas tiene una hija adorable de unos seis años que quería aprender a patinar en skate más que nada en este mundo, pero, ¿dónde hacerlo? Efectivamente: en un skatepark. Así que ni corta ni perezosa, esta madre (dueña por cierto de la tabla donde se entrena su hija) se fue al lugar de reunión y peregrinación de decenas de quinceañeros. A "su sitio". ¿Sería una ofensa para ellos? ¿Tendrían cuidado con una niña que solo está aprendiendo? Su madre, al llegar, reconoce que estuvo a punto de darse la vuelta y marcharse a casa. Pero fue fuerte, se quedó allí, y de repente, ocurrió el milagro. Todo lo cuenta ella misma en una carta que ya se ha hecho viral en la red.
QUERIDO ADOLESCENTE
Debes tener unos 15 años, así que no creo que seas muy maduro o por lo menos que quieras tener a una niña pequeña en tu zona de skate. Pero lo que no sabes es que mi hija ha estado esperando meses para ir a un skateboard. De hecho he tenido que convencerla que patinar no era solo cosa de chicos. Así que cuando llegamos al skatepark y vimos que estaba lleno de chicos adolescentes que estaban fumando y diciendo palabrotas, ella inmediatamente se quiso volver a casa. Sinceramente, yo también quería porque no quería tener que poner “voz de madre” e intercambiar algunas palabras con vosotros. Tampoco quería que mi hija se sintiera como si tuviera que tener miedo de nada, o que no tenía tanto derecho a estar en el skatepark como cualquiera de vosotros. Así que cuando ella dijo “mamá, esto está lleno de chicos mayores, con tranquilidad respondí: “¿Y? Que yo sepa no son los dueños del skatepark”.
Ella se propuso bajar una rampa aunque tú y tus amigos pasabais sin cuidado “volando” mientras grindabais las barras justo al lado de ella. Ella solo había hecho dos o tres rondas antes de que fueras hacia ella y le dijeras “hola, perdona...” Yo ya tenía preparado mi discurso de “tiene tanto derecho como vosotros de usar este skatepark” cuando lo que salió de tu boca fue: “tus pies están mal colocados, ¿puedo ayudarte?”
Después pasaste cerca de una hora con mi niña enseñándola a no perder el equilibrio y a girar. Y ella te escuchaba (una hazaña que no consiguen la mayoría de adultos). Le cogiste de la mano y le ayudaste a levantar cuando cayó, y te oí decirle que se alejara de las barras para que no se lastimara. Solo quiero que sepas que estoy orgullosa de que formes parte de mi comunidad, y quería agradecerte que fueras tan amable con mi hija, aunque tus amigos se burlasen de ti por ello. Ella marchó del skatepark muy orgullosa y con la confianza de que es capaz de todo, gracias a ti.
El medio que viralizó la carta de esta madre ha encontrado al chaval, que tiene 22 años y se llama Ryan. Él comentó: “si haces cosas buenas por los demás, algo bonito te pasa”.