Aparte de los conceptos básicos que permiten diferenciar a un trabajador cualificado de otro que no, como educación, experiencia, gustos, etc, las entrevistas de trabajo siempre son una oportunidad interesante para conocer mejor a un candidato. A los entrevistadores les gusta a menudo utilizar adivinanzas o dilemas morales y éticos que normalmente no tienen respuesta correcta o incorrecta, sino que más bien sirven para observar la manera de pensar del entrevistado.
Como ocurre en este caso:
Este tipo ha sido despedido por un 'Me Gusta' de Facebook, y para colmo, el despido se ha hecho a través de un SMS. Esta víctima de la vida moderna se llama Troy Garrod, y llevaba cuatro años trabajando en la librería Bertrams Books en Reino Unido. Un día, decidió darle a 'Me Gusta' a una imagen que un compañero de trabajo había compartido en Facebook. La imagen se cachondeaba de un suéter decorado con lobos que dicho compañero de trabajo había visto en los almacenes de la compañía:
La imagen tenía el comentario siguiente:
OMG me estoy descojonando… Seguro que hay una página de fans de las sudaderas de lobos jajajaja.
Unos días después, recibió un SMS de su jefe en el que le decía que estaba despedido. En el mensaje de texto le decía que haber dado a 'Me Gusta' a esa imagen era un acto de bullying contra el trabajador dueño del suéter, a pesar de que Garrod desconoce quién es el propietario.
Ser despedido por SMS y email no está bien después de cuatro años y medio de trabajo duro. He puesto mi corazón y mi alma en la compañía y he disfrutado yendo a trabajar cada día. (…) Me parece injusto que darle al botón de 'Me Gusta' pueda causar tantos problemas.
Además, quiere advertir a la gente de los peligros de mezclar Facebook con el trabajo:
Cuando la gente ve su muro de Facebook, no lo ve de manera profesional, piensas que es tu momento de recreo. Quiero aconsejar a la gente que mantenga separados el trabajo y la vida social en Facebook —tened cuidado al haceros amigos de colegas de trabajo.
"Prostituta independiente que no lleva una vida secreta. No sigo las normas sociales. Un poco cavernícola. Siempre hago lo que quiero". Así se presenta Natalia Ferrari Díaz (Tandil, Argentina, 1992) en su perfil de Twitter. Residente en Barcelona desde hace una década, mantiene una web personal y publica regularmente textos divulgativos para acabar con los estigmas que rodean a la prostitución. Natalia recibe en pisos, va a hoteles y habla con naturalidad de la profesión que ha elegido, de su pensamiento feminista y de la necesidad de diferenciar entre prostitución y trata.
Siempre ha sido así… El comportamiento masculino, arriesgado e intrépido, audaz e imprudente, despertaba todo un mundo de emociones, desde admiración hasta el desconcierto… Mirando su capacidad de poner en riesgo sus propias vidas, a veces se hace difícil determinar el límite entre la osadía y la locura. Hoy hemos preparado estas 25 fotografías que demuestran que el sentido común definitivamente no es lo más fuerte en algunos de los hombres. Pero por su puesto, no hay que tomarlo todo tan en serio, ninguno de nuestros héroes han terminado mal, así que solo nos queda sonreír y disfrutar el momento. ¡Diviértete! Ganando las horas extra como los equilibristas… Con tan sólida construcción, no hay necesidad de agarrarse.
Los que forman parte de El experimento sobre horarios laborales que te va a sorprender #lohacesypunto, tienen un reto muy claro: adivinar a qué se dedica la persona que se esconde detrás de una pantalla.
Gracias a varias preguntas sobre su trabajo y su vida personal, los participantes pueden saber de esa misteriosa persona que trabaja sus 8 horas más 3 extra en casa, además de los fines de semana y vacaciones.
Y eso cambiando las reglas de juego y modificando la forma en como se contabilizan los parados… Porque en realidad hay más de 435.800 personas menos trabajando que cuando cogieron el gobierno. Y mejor ni nos detenemos a analizar qué tipo de empleo se ha creado y con qué sueldos.
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Cuando llevo el uniforme, la chapa identificativa y voy aseada y maquillada, como me recomienda mi supervisor, me veo obligada a mostrar la mejor de mis sonrisas y aplicar la filosofía de 'el cliente siempre lleva la razón'. Es mi trabajo y si quiero llegar a final de mes no me queda otra que tragar, y no se piensen que no trago. Tras más de dos años detrás de una caja, he comprobado que la compra semanal, mensual o diaria siempre se ve distinta desde el otro lado de la barrera, donde ves y compruebas lo maleducados y salvajes que podemos llegar a ser los seres humanos.
Cuando llevo el uniforme y la chapa identificativa no puedo expresar lo que verdaderamente pienso de todo tipo de comportamientos que observo y sufro a diario. Sin ir más lejos, el cierre del establecimiento nunca se respeta. Siempre hay un caprichoso cliente al que se le antoja llenar el carro en el último minuto del día. Doce horas, de lunes a sábado y parece que no han tenido tiempo para realizar la compra en otro momento más oportuno que el último segundo. No es nada personal, pero a mí y a mis compañeros, como a ustedes, nos gusta llegar lo antes posible a casa. Y por si no lo saben, cerrar un supermercado no es simplemente echar el cierre y decir hasta mañana.
Pese a lo molesto del asunto, aún hay algo que nos cabrea mucho más a los profesionales de la facturación y cobro de productos de alimentación y consumo -sí, nosotros también tenemos un nombre técnico más glamuroso que 'cajero'-. No pueden hacerse a una idea las ganas que me dan de 'mandarles a la mierda', literalmente y quedándome muy a gusto, cuando se les ocurre llenar el carro o la cesta sin ni siquiera saber cuánto dinero llevan en la cartera. Paso producto a producto, embolso demostrando mi buena disposición para agradar al cliente y al finalizar la compra escupen ese "uy, perdona guapa, pero no tengo dinero suficiente". Aunque no me resulta sencillo, trago saliva antes de expulsar cualquier esputo y trato de tranquilizarme. Ahí comienza un juego absurdo de 'producto aquí, producto allá' que nos saca de quicio. ¿Por qué? Pues porque perder el tiempo no es una de mis grandes pasiones, disculpen las molestias.
Pero parece que el papel de cliente les da un concepto de superioridad con el que no hacen más que putear al prójimo, en este caso a los cajeros. Como ya deben saber, para sacar un carro es necesario tener al menos una moneda de un euro o cincuenta céntimos. Sí, si no tienen pueden pedirnos que les cambiemos un billete de cinco euros por unas monedas, el problema es que confunden el verbo pedir con exigir. Si no tengo cambio, le repito por activa y por pasiva que ¡NO TENGO CAMBIO! Si usted es sordo, yo tozuda. Por eso, se lo repetiré una y otra vez, por mucho que se aleje de la caja acordándose de todos mis familiares, vivos o difuntos. Somos cajeros, no magos.
Nuestro calvario diario no se restringe tan solo a las cajas. La experiencia me ha demostrado que los clientes son maleducados y egoístas en cada uno de los rincones de nuestro supermercado. No quiero hacerme una idea de lo que soportan las dependientas de los centros comerciales en rebajas, afortunadamente nosotros no tenemos que aguantar que revuelvan cada uno de los lineales de nuestros productos. Lo que sí sufrimos es que se antojen de un paquete que al parecer es exclusivo, pese a ser exactamente igual que el resto, porque han trepado hasta llegar a él como si lo fuese. Eso sí, para arrepentirse antes de pasar por caja no les importa abandonarlo en cualquier rincón. No importa, que lo recojan estas chicas que para eso les pagan. Me encantaría ir a sus trabajos y hacer lo propio con el ordenador, el bolígrafo, los folios o la impresora, ¿verdad?
Tampoco les vendría nada mal recordar que el almacén de un supermercado no es un pozo sin fondo. Por supuesto que tenemos un stock guardado en tienda, pero hay productos que aun así llegan a agotarse. Por eso, cuando les decimos que no tenemos es porque NO TENEMOS, ESTÁ AGOTADO.
Pese a que no acostumbro a sincerarme de esta manera, mis padres padecen a diario esta cantinela. Son en realidad los que sufren buena parte de los cabreos, sobre todo cuandoescucho entre pitido y pitido el tan recurrente "haber estudiado". Yo también llego a pensarlo, no se crean, aunque tan solo en los cortos instantes en los que se me olvida que soy Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas, carrera que tan solo he llegado a ejercer de becaria y cobrando cantidades irrisorias, y en el mejor de los casos.
En realidad pienso que no se trata de estudios, simplemente es una cuestión de civismo.
Otra vez la economía española da claros signos de recuperación. No hagáis caso a todos esos progres que os dicen que esos datos no reflejan la realidad de los españoles, que los sueldos han bajado, el nivel de vida se ha encarecido y que las condiciones laborales son peores hoy que hace diez años porque España va a ser la economía avanzada que más crezca éste año y todo gracias a las grandes reformas económicas de nuestro amado gobierno.
Hoy, de la mano de los creadores de las horas extras gratis, los despidos baratos y los minijobs, nos llega el contrato del futuro, el contrato que revolucionará definitivamente a la economía española y la pondrá por fin a la cabeza del mundo: el contrato de media hora.
De momento ni la CEOE ni los grandes emprendedores – qué deliciosa palabra – de este país han hecho ningún tipo de declaración al respecto y la única información que tenemos sobre esta fórmula mágica del éxito es este anuncio de Infojobs – esa página para encontrar trabajo en la que todo el mundo está registrado y en la que nadie que yo conozca ha encontrado trabajo NUNCA.
En la oferta nos ofrecen un puesto como promotor implantador para una multinacional del sector alimenticio. JO-DER ¿suena bien no? Imagina decirle a tu madre después de dos años en paro viviendo de su pensión y de las ofertas del Lidl que vas a tener trabajo y además de algo que suena tan bien como PROMOTOR IMPLANTADOR. Es uno de esos nombres que suenan genial aunque no tengas ni idea de lo que significa, como digital producer o translation adviser – esta última me la he inventado, pero ya me entendéis – y además para nada más y nada menos que para una multinacional. ¿Qué arriesgada misión tendrás que llevar a cabo en sólo media hora? ¿Será acaso salvar a la empresa en una reunión con una agresiva empresa rival? No lo sabes, yo tampoco, pero tu imaginación ya está volando libremente pensando en las miles de posibilidades que un trabajo de tamaña envergadura podría ofrecerte.
Desgraciadamente, el trabajo consiste básicamente en montar un escaparate de muestras de comida. No es todo lo glamuroso que se podía esperar, pero realmente, ¿cabía esperar algo de un trabajo de media hora? La verdad es que no, pero al menos te pagarán con un billete de diez euros contante y sonante, un precioso billete rojizo hecho de fibra de algodón, un pasaporte a tus sueños más low cost - como un par de kebabs y una Coca-cola - pero sueños al fin y al cabo. Por si eso no fuera poco, además te pagan cinco eurazos más por el desplazamiento ¿que más se puede pedir?
Por pedir, la verdad, es que se podría pedir un poquito más. Está claro que diez euros por media hora de trabajo más cinco por el desplazamiento es mucho, de hecho, si lo extrapolamos a un contrato de cuarenta horas semanales el sueldo rondaría los 5.000 euros al mes. Pero si prestamos un poco de atención nos daremos cuenta de que estamos hablando de diez euros brutos, así que el sueldo neto será mucho menor y solo se podría compensar con los cinco euros del desplazamiento si vives muy cerca y no te tienes que mover mucho; si tienes que arrancar el coche o ir en transporte público ya estás perdiendo dinero.
No dura mucho, no es prometedor y el sueldo es una mierda, y sin embargo la última vez que miré la oferta había quince solicitudes; quince personas dispuestas a echar a perder la mañana por un puñado de euros – literalmente - es prácticamente dignificar la caridad: cambiar lo de pedir en la calle por un contrato basura y un alta de media hora en la seguridad social, ¿y todo para qué? ¿Para un sueldo miserable que no cambia nada o redondear las estadísticas de empleo? Está claro que las reformas económicas funcionan, pero solo para los de siempre. Artículo completo en VICE